01/10/2025
Cenizas
de Dignidad
La Trágica Epopeya
de la Quema de
La Villa del Rosario, de Perijá
El despertar del 17 de junio trágico…
Por: Félix TICO Goidas Morales
Miembro de Número de la Academia de Historia del Zulia (AHEZ), Sillón XVII
Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Monagas y Táchira
Era el día 17 de junio de 1872, y la Villa del Rosario de Perijá respiraba todavía la calma tibia de un pueblo agrícola que amanecía entre campanas y gallos. Pero aquel mes no traería cosecha ni canto de trabajo, sino fuego y ceniza. En los ojos de los ancianos se leía un presagio, en las manos de las mujeres se apretaba el “Rosario” con fuerza, y en el corazón de los jóvenes vibraba la incertidumbre.
Venancio Pulgar, con la sombra de su ambición cargada de rencor, enviaba sus hombres a castigar a un pueblo que había osado resistirle… Al frente marchaba Manuel Yáñez, con la orden de someter, saquear y encender “EL INFIERNO”.
El sacrificio del patriarca
El primero en enfrentar el destino fue Don Antonio Bermúdez, Gobernador de Perijá, patriarca respetado y voz moral de toda la comarca. En su casa de paredes de bahareque y tejas, resistió como quien defiende no solo su morada, sino la dignidad de un pueblo entero.
El humo comenzó a trepar por las calles empedradas y la mayoría de techos de palmas, el estruendo de los fusiles se confundía con gritos y plegarias. La casa de Bermúdez se transformó en bastión improvisado: paredes que crujían con cada descarga, ventanas que eran ojos abiertos al caos.
Al final, su sangre regó el suelo de la Villa… Murió erguido, rodeado de ruinas, convertido en símbolo. Y aunque su cuerpo yacía inmóvil, su sacrificio encendía una llama secreta en la conciencia colectiva de los villeros.
Las mujeres del fuego
El horror no se detuvo en el as*****to del patriarca. Ana Joaquina Viera, su hermana Carmela Viera y Benigna Quintero, mujeres de temple acerado, alzaron sobre una parihuela el cuerpo destrozado del gobernador y lo llevaron por calles ya cubiertas de humo. Sus pies descalzos dejaron huellas de dolor en las piedras calientes, pero sus manos levantaron el símbolo de un pueblo que no se rendía.
Mientras tanto, los soldados de Yáñez saqueaban cosechas y el poco tesoro en oro, además de cualquier objeto de valor que pudieron conseguir; degollaban ganado y encendían antorchas contra cada vivienda. La Villa del Rosario se transformaba en hoguera; el aire, en un grito ahogado. Y sin embargo, en cada lágrima había también rabia, y en cada silencio, un juramento de memoria.
El éxodo y la resistencia
Muchos huyeron hacia Machiques, Maracaibo y otros horizontes. Los que se quedaron enterraron a sus mu***os bajo cenizas que aún humeaban. La Villa quedó reducida a brasas, pero no a olvido…
La llama de la tragedia no consumió la voluntad. Los perijaneros volvieron a levantarse, cambiaron nombres a sus pueblos, Federación, Libertad, como quien se viste de nuevos símbolos para recordar que sobrevivir es también una forma de victoria.
Y aunque Pulgar insistió en su persecución, imponiendo a Oquendito como verdugo, la Villa supo esperar el momento justo. El 6 de noviembre de 1873, la “gran parada” fue su respuesta: dignidad cobrada, afrenta contestada.
El eco de Donaldo García Martínez
En medio de esa memoria sangrante, emergió otra figura: Donaldo García Martínez, militar de preparación académica sólida, que guió con firmeza la resistencia y cuya victoria sobre las huestes de Venancio Pulgar se convirtió en bálsamo para una Villa herida.
Su nombre destacaba entre las cenizas como una nueva esperanza. Con disciplina, conocimiento y coraje, dio a los perijaneros una razón para levantar la cabeza. Y aunque el tiempo cubrió su cuerpo bajo tierra anónima, su memoria fue guardada como tesoro por los hijos de Rosario.
Resiliencia en llamas
Hoy, siglo y medio después, cada junio el recuerdo revive. La Villa del Rosario no olvida la noche de fuego ni los nombres que ardieron con ella. Sus calles aún cuentan la historia con ínfimos sonidos que el viento lleva a las ceibas.
El pueblo ROSARENSE pide ahora, con voz unánime, que los restos de Donaldo García Martínez reposen, aunque sea simbólicamente, en el Panteón Regional, como héroe perijanero. Porque su victoria, su preparación y su entrega representan la llama que no se apagó ni siquiera bajo el incendio de 1872.
La Villa recuerda, llora y canta. Porque aunque las casas ardieron y las calles fueron ceniza, el espíritu ROSARENSE no murió.
De las cenizas se alzó un pueblo, y en su memoria arde todavía la dignidad que nadie pudo apagar…
AGRADECIMIENTOS Y FUENTES DE APOYO
El presente trabajo no hubiese sido posible sin el acompañamiento y el esfuerzo de un grupo de hombres comprometidos con la memoria histórica de Perijá. Agradezco profundamente a Carlos Aarón Nava, Edgar Camarillo y Yoanan Bazanta, quienes con paciencia y entrega han compartido hallazgos que iluminan páginas olvidadas de nuestro pasado. De manera especial, a Yoanan Bazanta, quien me ha extendido la invitación a participar en la escritura de los nuevos descubrimientos realizados junto al Pbro. Jesús Rincón, Aarón y él mismo, en la búsqueda y escudriñamiento de los antiguos libros eclesiásticos. En esos archivos reposaban documentos militares de otrora que, al ser redescubiertos, revelan episodios de una relevancia inédita para la historia perijanera.
Entre estos hallazgos se encuentra una verdad que marca un antes y un después: Donaldo García Martínez no fue un improvisado en las artes de la guerra, sino un militar académico, preparado profesionalmente, estratega sagaz y conocedor profundo del ecosistema perijanero, de su territorio áspero y sus desigualdades geográficas. Ese conocimiento le permitió, con un reducido caudal de hombres, enfrentar y doblegar a las fuerzas de Venancio Pulgar, que duplicaban en número a los perijaneros. Fue en el Cerro de la Carreta donde su genio táctico obligó a Pulgar a huir, episodio que la tradición bautizó como el momento en que “Venancio Pulgar perdió la chaveta”… Estos aportes, fruto del rigor y la pasión investigadora, consolidan una nueva comprensión de la gesta perijanera y del sitial de honor que merece Donaldo García Martínez en la memoria colectiva de la Villa del Rosario.