02/05/2024
En los noventa y principios del 2000, Uruguay tuvo en su mediocampo a un futbolista con la fuerza de un toro y la astucia de un mago. Fabián O’Neill era capaz de enloquecer con tres caños al gran Gennaro Gattuso, solo para cumplir una apuesta. También podía encajar un gol de tiro libre cuando todos esperaban un centro. Sin embargo, su adicción al alcohol fue un oscuro hechizo que le robó su esplendor. Surgido en el Club Defensor de Paso de los Toros, O'Neill fue rápidamente fichado por Nacional de Montevideo, donde debutó a los 16 años.
Luego dio el salto a Italia, deslumbrando en el Cagliari. Juventus invirtió 15 millones de dólares en él. Zidane en el vestuario se preguntaba: ¿por qué me piden autógrafos, si el mejor es O’ Neill?”. Pero nunca pudo afianzarse; las noches de excesos conjuraban en su contra y lo hacían vulnerable a las lesiones. Después de 7 años en Europa, y un breve pasó por el Perugia, regresó a Nacional. Se retiró a los 29 años. Volvió a su pueblo. Y allí se convirtió en un benefactor. Repartía dinero para que la gente pudiera pagar la luz y el gas. En las Navidades se encargaba de comprar 50 corderos para que todas las familias pudieran celebrar.
Regaló casas, departamentos, autos, camionetas y dinero. Amasó una fortuna de 14 millones de dólares, pero las manos le quedaron llenas de soledades. Las mujeres rápidas y los caballos lentos terminaron arruinándolo. Perdió dinero en sus dos divorcios. Igual se volvió a casar por tercera vez, pero no pudo escapar de las garras del alcohol. En el 2013, en su biografia “Hasta la ultima gota”, reveló que sus padres lo abandonaron cuando tenía 8 meses y que se crió con su abuela y sus tíos. Un día, su ultima esposa lo encontró llorando, preguntándose, “¿por qué mi mamá me abandonó a mí y no a mis otros 3 hermanos?”
Murió el 25 de diciembre del 2022, a los 49 años, por culpa de una cirrosis. La magia que todos buscaron en sus pies estaba en su corazón.
Adrián Michelena ✍️
Foto: Gentileza “Ovación”