10/11/2026
En marzo de 1959, tres hombres atravesaron el Sahara sufriendo una sed desesperante mientras transportaban más de tres toneladas de hielo.
El problema era que no podían beberlo.
La expedición había comenzado semanas antes, a miles de kilómetros de allí. En 1958, Radio Luxemburgo había lanzado un desafío: llevar tres toneladas de hielo desde el círculo polar ártico hasta el ecuador sin utilizar ningún sistema de refrigeración. Ofrecía 100.000 francos por cada kilogramo que consiguiera llegar sin derretirse.
La empresa noruega de aislamiento Glassvatt decidió aceptar.
Cuando la emisora comprendió cuánto podría costarle la apuesta, retiró la recompensa. Para entonces el proyecto ya había despertado suficiente interés como para continuar.
El ingeniero Sivert Klevan quedó al frente de la expedición.
En el glaciar Svartisen, al norte de Noruega, cortaron piezas de hielo de unos 200 kilos. Fueron trasladadas en trineo y helicóptero hasta Mo i Rana, donde se unieron para formar un bloque de 3.050 kilos.
Después lo encerraron dentro de una estructura metálica protegida con madera y una enorme cantidad de lana de vidrio.
No había refrigeración.
El 22 de febrero de 1959, el camión partió hacia África.
Atravesó Europa, llegó a Marsella y cruzó el Mediterráneo hasta Argelia. Entonces comenzó el tramo que realmente pondría a prueba el aislamiento.
El Sahara.
Durante una semana, las temperaturas se mantuvieron por encima de los 40 °C. El diario de la expedición registró un día con 47 °C a la sombra. El camión, que con toda su carga pesaba unas 16 toneladas, quedaba atrapado repetidamente en la arena y los hombres tenían que cavar durante horas para liberarlo.
Y mientras dentro viajaban toneladas de hielo, ellos sufrían por falta de agua potable.
Klevan recordaría décadas después que llegó a fantasear por las noches debido a la sed.
El agua que se derretía del bloque tampoco solucionaba el problema: había estado en contacto con lana de vidrio y papel asfáltico y no resultaba apropiada para beber.
La expedición llevaba además 300 kilos de medicamentos. Tras atravesar el desierto, se desviaron hasta Lambaréné, donde los entregaron al hospital del médico y premio Nobel Albert Schweitzer.
Después continuaron hasta Libreville.
Llegaron el 21 de marzo, tras 27 días y unos 12.000 kilómetros.
Abrieron finalmente el contenedor.
El hielo pesaba 2.714 kilos.
Solo se habían perdido 336.
Cerca del 89 % del bloque que había salido del norte de Noruega seguía allí después de cruzar Europa y el Sahara sin refrigeración.
Una parte fue repartida entre la gente de Libreville.
Klevan guardó un fragmento y lo llevó de regreso a Noruega.
Tiempo después, durante la presentación de la película de la expedición en Oslo, los periodistas recibieron bebidas con cubitos cortados de aquel mismo hielo.
Habían salido de un glaciar noruego, cruzado el Sahara y regresado a Europa.
Todo para demostrar lo difícil que podía ser hacer que tres toneladas de hielo se derritieran.