24/12/2020
Yo lo fajaba a Nico en el arenero del club. Hasta que un día se cansó. Me dio un tremendo bife y me dijo: ¨me decís bizcacho otra vez y te rompo los dientes¨. Nunca más lo jodí. Y nos hicimos amigos. Muy amigos. De los bifes del arenero, pasamos a los bifes de cuadril en la barra de ̈ Los Platitos¨. De desayunar churros del Topo antes de Sacoa, a pizza del ¨Cuartito¨ después del Boliche. Compartimos tantos cafés, que nos conocemos todas las frases de los sobrecitos de azúcar de memoria.
De todas las cosas que nos unieron hay una que siempre estuvo ahí, en el medio: el morfi.
Asique dejamos todo, y nos volcamos por completo al arte de cocinar. Trabajamos en restaurantes en Buenos Aires, en la Patagonia, en Latinoamérica y en Europa. En grandes cocinas, modernas y de prestigio internacional. Y en pequeños sucuchos, puesiitos callejeros que no conocía ni el loro. Y aprendimos muchísimos de los dos mundos.
Pero de dónde más aprendimos, es de cocinarle a nuestros amigos y familia. Público exigente si los hay. Andá a explicarle al tío Chirola que vamos a hacer café frío con miel de caña y leche de coco casera, ja. O al abuelo Chalo (panadero vieja escuela), que estamos haciendo focaccia, pero de masa madre y centeno. ¿Sabés qué es lo más lindo de todo?, que cuando vino, puso cara de póker y nos pidió otro Ice Coffee y un cruasán. Porque en todo lo que hacemos, está la mano del abuelo Chalo y todos sus valores.
Hoy decidimos compartir todo eso que nos trajo hasta acá. Hasta el querido barrio de Villa Devoto. Hoy nace Compadre. Aunque nació en aquel arenero donde un buen sopapo convirtió a dos amigos en compadres de por vida. Estamos felices. Por eso esta noche cuando venga Papá Noel, díganle que no baje por nuestra chimenea. El regalo que siempre quisimos, lo abrimos hace un ratito.
Felices Fiestas.
Con cariño, Nico y Lucas.
Compadres.