16/08/2026
1: Retrocedemos unos años gracias a este hermoso recuerdo compartido por Gastón Acurio. En medio del desierto de Ventanilla, en la Fundación Pachacútec, un joven Alan Larrea se sentaba en un pupitre escolar con su uniforme de cocina y su gorro de chef bien puestos. Un entorno humilde, desafiante, pero lleno de sueños, donde escuchaba con atención infinita a maestros de la talla de Ferran y Albert Adrià. Esa era la cuna donde se forjaba la pasión, el respeto por el ingrediente y la disciplina.Foto 2: El presente. Hoy, Alan Larrea ya no mira el desierto desde un pupitre, sino que comanda con orgullo su propia barra marina: Percado. Con los brazos cruzados, la mirada firme de quien sabe lo que cuesta salir adelante y rodeado de su equipo, representa el verdadero éxito de la gastronomía peruana: el de la constancia, el estudio y el trabajo duro.De recibir lecciones en la arena a crear sus propias recetas que conquistan paladares exigentes en Lima. ¡Una inspiración total de que los sueños, con educación y esfuerzo, se cocinan a fuego lento pero se cumplen! 🇵🇪👨🍳