09/03/2026
Recordando a Hachiko a sus 91 años de partida
El 8 de marzo de 1935, hace 91 años, fue encontrado mu**to en una calle cercana a la estación de Shibuya el perro Hachikō (忠犬ハチ公), considerado hoy uno de los símbolos más conocidos de lealtad en Japón.
Hachikō era un perro de raza akita que pertenecía al profesor Hidesaburō Ueno (上野英三郎), docente de la Universidad de Tokio. El profesor lo adoptó en 1924 y lo llevó a vivir con él en el distrito de Shibuya. Cada mañana, el perro acompañaba a su dueño hasta la estación para despedirlo antes de que tomara el tren hacia la universidad, y por la tarde regresaba al mismo lugar para esperarlo.
El 21 de mayo de 1925, el profesor Ueno murió repentinamente mientras se encontraba en su trabajo. A pesar de ello, Hachikō continuó acudiendo todos los días a la estación de Shibuya durante casi diez años, esperando el regreso de su amo. Con el tiempo, los trabajadores de la estación y los comerciantes de la zona comenzaron a reconocerlo y a alimentarlo. Su historia se hizo conocida en todo Japón en 1932, cuando un artículo de prensa relató su fidelidad, convirtiéndolo en una figura popular en el país.
El origen de su nombre también suele ser malinterpretado. Muchas personas creen que se llamaba así por ser el octavo cachorro de su camada, pero en realidad el profesor Ueno lo nombró Hachi porque sus patas delanteras estaban ligeramente desviadas hacia afuera, una forma que le recordó al kanji 八, que representa el número ocho en japonés. Posteriormente se añadió el sufijo honorífico -kō, una forma respetuosa de referirse a él.
Hachikō había nacido en la prefectura de Akita y fue enviado a Tokio dentro de una caja por tren, en un vagón de equipaje. El viaje duró cerca de dos días. Cuando los sirvientes del profesor fueron a recogerlo a la estación, creyeron que el cachorro había mu**to durante el trayecto. Sin embargo, el profesor lo tomó en brazos y logró reanimarlo acercándole leche para que bebiera.
En 1934, un año antes de su muerte, se inauguró una estatua de bronce frente a la estación de Shibuya, obra del escultor Teru Andō, ceremonia a la que el propio Hachikō asistió. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1944, esta estatua fue fundida para fabricar armamento debido a la escasez de metales. La escultura que se encuentra actualmente en el lugar es una segunda versión inaugurada en 1948 y realizada por Takeshi Andō, hijo del escultor original.
Décadas más tarde también se instaló otra estatua en la Universidad de Tokio, en la Facultad de Agricultura, que representa el reencuentro entre Hachikō y el profesor Ueno, un encuentro que el perro esperó durante casi una década.
Durante muchos años circuló el rumor de que Hachikō había mu**to tras tragarse una brocheta de yakitori que le perforó el estómago. Sin embargo, los veterinarios que examinaron su cuerpo determinaron que en realidad sufría cáncer avanzado y una infección parasitaria. En su estómago se encontraron cuatro varillas de yakitori, pero estas no habían causado daño alguno, por lo que se cree que probablemente se las había dado algún vendedor ambulante de los alrededores de la estación.
Tras su muerte, el cuerpo de Hachikō fue preservado y hoy puede verse en el Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia de Tokio, mientras que parte de sus restos fueron enterrados junto a la tumba del profesor Ueno.
Casi un siglo después de su muerte, Hachikō sigue siendo una de las historias más conocidas de la cultura popular japonesa. La estatua frente a la estación de Shibuya recuerda cada día la historia del perro que durante casi una década regresó al mismo lugar esperando a su dueño.