Historia del EL QUELITE Restaurante
Ana María Reyes Contreras
Leobardo Romero Cortina
La sazón de Doña Mary y la cordialidad de Chente, fórmula perfecta para la consolidación de El Quelite, que es sabor…
En 1973, cuando Doña Ana María Reyes Contreras estaba embarazada y elaboraba unos taquitos dorados frente al comal, le reventó la fuente. No solamente había nacido en ese instante su hijo Julio
Romero Reyes, sino también, el mejor puesto de antojitos misantecos llamado El Quelite y más tarde, el restaurante del mismo nombre, en una casona de la Avenida 5 de mayo. Hasta la cenaduría llegó la señora Isabel, esposa de Estanislao Gutiérrez y dijo a Chente y a Tere Acosta, trabajadora por muchos años de El Quelite: “Esta mujer va a dar a luz, denle chocolate con agua y hojas de pimienta para que el bebé nazca pronto”. Y a los pocos minutos, antes de que llegara la partera, se escuchó el llanto de Julio al filo de las 11 de la noche. Dios tenga en su santa gloria a Elvecia Reyes Contreras, pues fue ella quien encaminó a su hermana Mary y su esposo Chente a iniciar un negocio donde se venderían garnachas, panuchos, tostadas, tamales, plátanos fritos, atole de maizena y arroz con leche. Así dijo Elvecia antes de partir al norte del Estado de Veracruz: “Hermana, yo me tengo que ir a vivir a Poza Rica con mi marido, allá tiene trabajo y ya no puedo seguir con mi negocio de antojitos en Misantla. Tú puedes emprender este que hacer que es bueno y se obtienen recursos para comer”. Sin pensarlo dos veces o “en caliente” como dicen en el pueblo, Doña Mary y Don Leobardo tomaron una de las decisiones más importantes de sus vidas. Viviendo en una casa de la calle Morelos, en el año 1973, frente al hotel Montoya, instalaron su negocio de antojitos misantecos. Los clientes que llegaron la primera noche fueron “El Toro” Ortiz y su esposa Lourdes, y así consecutivamente fueron acercándose de otras personas que pudieron paladear los exquisitos antojitos y los plátanos enteros con crema. La ganancias fueron por el orden de 73 pesos, me dijo Don Chente, quien al mismo tiempo descubrió que efectivamente era buen negocio, tal cual se los había dicho su cuñada Elvecia. Arregló el negocio de forma muy sicodélica y eso gustó a los clientes. Doña Mary se daba tiempo para no solo elaborar antojitos, sino para atender a sus hijos Dante, Rocío y el recién nacido Julio. Poco a poco El Quelite se fue apuntalando de boca en boca, se decía que vendía buenas garnachas, panuchos y unos plátanos de rechupete. Don Chente recuerda que el boticario Sergio Núñez llevaba a su familia y muchos clientes, pues no solo le gustaba la comida sino la limpieza que siempre ha caracterizado a este negocio. Sin estudiar el impacto de la publicidad, Don Chente puso un cartel en su negocio que decía: “Usted espera tantito y come calientito”. La gente acudía con frecuencia a cenar. Recién había dado a luz Doña Mary seguía en sus quehaceres, no paraba y la sazón en sus salsas, frijolitos y antojitos dice que se los debe a su hermana Elvecia, pues antes de partir a Poza Rica le explicó como debía hacer las cosas para conquistar los estómagos de muchas personas del pueblo y de fuera. El dueño de la casa donde vivían Doña Mary y Don Chente les subió la renta, les dijo que les iba muy bien en su negocio. A cada rato les quería cobrar más y más, por lo que se tomó la decisión de buscar otro lugar. Pasaron los años y la misma gente fue exigiendo. “Porqué no venden de día, ese sería un buen negocio”. Fueron tantas las sugerencias que Don Chente se vio obligado a buscar otra casa. Don Pablo Lavalle tenía una casona en la calle 5 de mayo que no era habitada. Hasta su domicilio llegó Don Chente para decirle que se la rentara. Sin tanta palabrería, Don Pablito le dijo aquí tienes las llaves e inicia tu negocio. Ahora viene lo bueno, se cuestionó “El Plátano”, pues había que arreglar de pies a cabeza esa enorme casa. Con mucho esfuerzo y con el apoyo de sus hijos se limpió, se pintó y así floreció el Restaurante El Quelite. En ese lugar nació otra hija de Mary y Chente, a quien bautizaron con el nombre de Beu Maliyel. Todos la cuidaban y era la consentida. Para el tío Chano, hermano de Don Chente ni se diga, se la llevaba al parque, la distraía para que dejara hacer la comida a su mamá, y así pasó la vida en El Quelite que hoy en día cuenta con dos restaurantes en el centro y cerca del panteón. La responsabilidad era distinta, por lo que aquí se sumaron al trabajo dos hijos más de Don Chente, Fredy y Vicente Romero Gaona. Todos le entraban al quehacer, unos servían y otros cuidaban el bar. Los tiempos eran buenos, por lo que Don Vicente y Mary se aventaron a inaugurar El Quelite II, en la planta baja del hotel León. El cual duró aproximadamente cuatro años de manera conjunta, Don Chente, Ernesto Plácido, Fredy Romero y Mario Fernández se reunieron para hacer el comercial de El Quelite. Llegaron a la conclusión de que el siguiente mensaje pegaría y pegó así decía: “El verdadero de los mariscos los aprecia usted en un delicioso coctel apreciado con amor exclusivo para usted, en El Quelite”. “Merendero El Quelite, donde las Acamayas, Jaibas, Camarones, Robalo, Cecina, Carne Enchilada, desafían la mejor carta”. Venga a saborear el Pollo en Chiltepín característico de nuestro pueblo. Mmmm… el Quelite en Misantla es sabor…
Han pasado 36 años de aquella noche que Doña Mary y Don Chente sacaron su mesa y el comal de metal para vender sus antojitos en la calle Morelos. La herencia está escrita, tanto Dante como Rocío, Julio y Beu, llevan consigo el olor a toda esa comida que por noches y días se ha ofrecido al cliente. Ya tienen sus propios negocios y les irá tan bien o mejor que sus propios padres que les han legado el don de la sazón y la cordialidad, fórmula perfecta que llevó a la consolidación de El Quelite. A Doña Mary y Don Chente, jamás se les olvidará el año 1973, pues no solo fue el parto de su niño Julio Romero Reyes, sino que también nació El Quelite, encantador lugar para comer hasta chuparse los dedos. Por eso decimos que El Quelite en Misantla, es sabor…