13/12/2025
Basil Akwan solía sentarse cada día en la misma cafetería de Kuwait, abría su laptop y se quedaba trabajando un buen rato. Y casi siempre pasaba lo mismo: una gatita calicó aparecía, se acercaba despacio y se acomodaba a su lado. No pedía comida. Solo se quedaba ahí, acompañándolo.
Con los días, esa rutina se volvió normal. Ella llegaba, ronroneaba un poco y se sentaba cerca mientras él trabajaba. Hasta que un día la gatita decidió que no quería quedarse atrás. Cuando Basil se levantó para irse, ella lo siguió hasta el auto… y se subió sin pedir permiso.
Ahí quedó claro el mensaje. Basil la llevó al veterinario, la cuidó y la adoptó. La llamó Sophie.
Hoy Sophie duerme en su cama, juega por la casa y lo acompaña todos los días. Él sigue trabajando, pero ya no lo hace solo.