17/09/2026
Hay historias que no necesitan contarse demasiado.
Les basta una tierra, un poco de paciencia
y alguien dispuesto a recordarlas.
una vid creciendo mirando de reojo al mar,
aprendiendo del sol, del viento y de los años.
Después llega la vendimia. La espera.
La botella. Y entonces comprendemos que el vino también sabe recordar.