23/02/2026
“Se extraña Molletecalli”, fue el whats que recibí hoy en la mañana de una familia que solía venir a desayunar los fines de semana, o nos hacían pedido. “Yo también”, les contesté, “a veces he pensado en re abrirlo”. Sin embargo, después de mucho esfuerzo y justo cuando agarramos el ritmo para producir semanalmente pedidos fijos, un buen día amanecimos con una pinta -en el letrero que daba a la calle- marcándonos como blanco de extorsión. Un par de días después, recibí una llamada -cargada de un léxico deleznable- donde me amenazaron con la vida de mi familia si no depositaba el dinero que solicitaban. “Lo siento”, contesté, “el negocio ya cerró”. Y colgué.
De la noche a la mañana, con los tobillos, pies hinchados y las articulaciones hechas pedazos por la carga de trabajo, cerramos.
Cerramos con la experiencia y el orgullo de haber ganado la licitación de Africam Safari como proveedores exclusivos de pizza y molletes semanalmente, agradecidos con toda la gente que participó en nuestros conversatorios, viajes, eventos culturales y senderismo contemplativo -además de con la satisfacción de haber implementado un modelo de negocio alternativo gastronómico cultural que funcionaba-, pero, también, con la enorme pena de vivir en un país donde ser emprendedor significa pagarle derecho de piso al crimen organizado.
Todavía, la semana pasada, nos encontramos un cuchillo de carnicero bien enterrado en la barda de flores de nuestra fachada, como último resquicio de amenaza.
Entre brujería y crimen organizado, esto es el Cholula del día de hoy.
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Molletería de Autor - Cocina de Montaña - Senderismo Contemplativo