18/08/2026
Cuando me mudé a Irlanda, traje muchas cosas conmigo.
Mi acento, mis antojos, mi manera de cocinar, y esa costumbre tan mexicana de sentir que en la mesa siempre tiene que haber salsa.
No solo para los tacos. Salsa para los huevos en la mañana, para los frijoles, el arroz, las papas, la comida recalentada, el pan, las sobras, cualquier cosa que necesitara tantita vida.
Pero cada vez que intentaba comprar salsa aquĂ, algo me faltaba. No sabĂa a lo que yo conocĂa. No sabĂa a casa. No tenĂa ese sabor de la cocina de mi familia, de las mesas en MĂ©xico, de las salsas que se hacen con paciencia, con chile, con verduras de verdad y con esa intuiciĂłn que una aprende viendo cocinar a los suyos.
Entonces seguĂ haciendo mi propia salsa.
Y poco a poco, Andrew tambiĂ©n se fue enamorando de la comida mexicana. Primero con curiosidad, despuĂ©s con una obsesiĂłn muy seria. Probaba las salsas, me veĂa cocinar, me escuchaba hablar de los sabores que extrañaba, y de vez en cuando me decĂa jugando que tal vez deberĂa venderlas.
En algĂşn momento, ese chiste dejĂł de ser chiste.
Nos fuimos a MĂ©xico y ahĂ todo terminĂł de acomodarse. Viajamos durante seis meses, comimos, aprendimos, caminamos mercados, probamos salsas, chiles, comida callejera, comida casera, cosas sencillas y cosas que todavĂa recordamos como si las hubiĂ©ramos probado ayer.
Y en medio de todo eso, también nos casamos.
Para mĂ, ese viaje fue volver a mirar mi paĂs con otros ojos. Para Andrew, fue entender por fin todo lo que yo trataba de explicar cuando decĂa que la salsa no era un dip, que la comida mexicana era mucho más profunda, más generosa, más viva.
Cuando volvimos a Irlanda, Garnacha empezĂł de verdad.
Unos cuantos frascos. Unos cuantos mercados. MuchĂsimas preguntas. MuchĂsimo aprendizaje. Cajas cargadas a mano, fines de semana completos, tiendas que tocar una por una, gente probando la salsa por primera vez, y nosotros intentando explicar que lo que querĂamos compartir no era solo un producto.
Era un pedacito de México.
Hoy Garnacha está en más de 200 tiendas en Irlanda.
Y aunque eso nos llena de orgullo, el corazĂłn de todo sigue siendo el mismo.
Yo querĂa compartir la comida que extrañaba.
QuerĂamos hacer algo honesto, con sabor, con historia y con respeto por la cocina mexicana.
QuerĂamos traer un poquito de esa mesa mexicana a la vida diaria aquĂ en Irlanda, para quienes extrañan su casa y para quienes están descubriendo estos sabores por primera vez.
A todos los mexicanos en Irlanda que nos han comprado un frasco, nos han escrito, nos han recomendado, nos han encontrado en un mercado, nos han dicho “esto sà sabe a México”, gracias.
De verdad, gracias.
Porque cada vez que alguien reconoce ese sabor, sentimos que Garnacha tiene sentido.
Esta es nuestra historia.
De México a Irlanda, con mucho chile, mucho amor y muchas ganas de compartir lo nuestro.