19/07/2026
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En Guatemala hay una pizzería donde el horno puede m*tarte. No es una exageración ni un slogan publicitario: es la descripción más precisa de Pizza Pacaya, el único restaurante en América Latina que usa un volcán activo para cocinar sus pizzas. El volcán Pacaya, ubicado a unos 40 kilómetros de Ciudad de Guatemala, lleva activo de forma continua desde 1965 y tiene ríos de lava que alcanzan los 1.000 grados centígrados. Ahí, sobre esa roca ardiente, Mario David García Mansilla hornea pizzas para turistas de todo el mundo.
Todo empezó una noche de mayo de 2010. Una erupción enorme del volcán Pacaya lanzó bolas de fuego sobre los techos del pueblo de San Vicente Pacaya. García se despertó con los temblores, vio las rocas ardiendo en el cielo y, en lugar de huir, subió al carro y manejó directo hacia el volcán. Ese episodio lo fascinó para siempre. Tiempo después, volvió a subir el volcán varias veces y en una de esas visitas vio a los guías turísticos asando malvaviscos sobre la lava. Fue ahí cuando se le ocurrió la idea.
García comenzó a hacer pruebas en 2013. La primera pizza le salió completamente negra. Siguió intentando. Le tomó cinco años perfeccionar la técnica hasta que, en 2019, abrió formalmente Pizza Pacaya. Cada vez que trabaja, carga a sus espaldas unos 27 kilogramos de ingredientes y equipos para subir hasta la cima del volcán. La pizza se arma con masa preparada de antemano, se coloca sobre la roca volcánica y queda lista en unos diez minutos. Según García, el calor extremo de la lava le da a la pizza un sabor exclusivo y una textura crujiente que no se puede replicar en ningún horno convencional.
García revisa a diario los boletines del instituto meteorológico oficial de Guatemala para monitorear la actividad del volcán antes de abrir. Y aun así, el volcán lo ha sorprendido. En dos ocasiones distintas, el Pacaya hizo erupción mientras él estaba sirviendo una pizza. En ninguno de los dos casos hubo heridos. También recuerda una vez en que el volcán liberó tanto azufre que él y sus clientes llegaron al pie del cerro con sangrado de nariz, lo que lo obligó a cerrar el restaurante por 15 días.
Ante el aumento del turismo, García amplió sus días de atención de dos a cinco por semana. Hoy recibe entre 200 y 400 clientes por semana, quienes deben hacer reserva con anticipación y subir acompañados por guías oficiales del parque nacional. Entre sus visitantes hay familias, grupos corporativos y hasta parejas que eligen este lugar para celebrar su boda.