05/01/2021
Sábado 9 enero último día;
Septiembre de 1999, se abría la trapa del Aguaclara, una ilusión, un proyecto nuevo que llenaba el corazón de quien llevaba años en este oficio tan duro y a la vez que tanto te llena que es la hostelería.
Mis ojos tenían un brillo especial ante esta nueva aventura. En diciembre de 2004 traslado el Aguaclara unos metros más arriba en la misma calle, Dimas Madariaga, con el apoyo de Susana, la mujer que siguió todas mis ilusiones.
Junto a clientes que se convirtieron en amigos, han sido 21 años de cañas, vinos, tapas, risas, bromas e incluso alguna lágrima de emoción ante un trabajo bien hecho.
Ahora toca despedir una parte de mi vida y cerrar la puerta, con pena y llevándome en el corazón a la gente que compartió trabajo, los clientes que no fallaban cada día en el café mañanero igual que los que me acompañaban con la penúltima copa de una noche de sábado, o los que hacen café torero y pasamos el día juntos.
Solo hay una cosa que podemos cambiar, nuestros sueños, así que no dejéis nunca de soñar y luchar por hacerlos realidad, porque esto no es un adiós, es un hasta luego.