07/08/2026
Otro poco de historia con los nobles de Plasencia !
Las casas nobles de Plasencia: piedra, poder y memoria
La historia de Plasencia no solo está escrita en sus murallas, iglesias y catedrales. También permanece grabada en las fachadas de sus antiguos palacios, en los escudos de piedra, en las torres defensivas y en los grandes balcones desde los que las familias más poderosas contemplaban la vida de la ciudad.
Desde su fundación por Alfonso VIII en 1186, Plasencia atrajo a caballeros, hidalgos, eclesiásticos y grandes linajes. Fue ciudad de realengo hasta 1442, pasó después al señorío de los Zúñiga y recuperó su libertad en 1488.
Aquellas luchas por el poder dejaron una profunda huella en su arquitectura. Cada familia quiso levantar una residencia que demostrara su riqueza, su antigüedad y su influencia.
El Palacio de los Monroy o Casa de las Dos Torres
Es considerado el palacio civil más antiguo de Plasencia. Sus orígenes se remontan a los siglos XIII y XIV y estuvo vinculado a la poderosa familia Monroy.
Recibe el nombre de Casa de las Dos Torres porque originalmente tenía una torre en cada extremo, aunque actualmente solo conserva una. Su aspecto ha cambiado debido a reformas posteriores, pero todavía mantiene su antigua portada y buena parte de su carácter medieval.
Según la tradición, en esta casa nació María Rodríguez de Monroy, conocida como María la Brava. También se alojó en ella Fernando el Católico cuando llegó a Plasencia en 1488, después de que la ciudad recuperase su condición de realengo. Otro de sus huéspedes ilustres fue san Pedro de Alcántara.
El Palacio de Mirabel
Fue la gran residencia de los Zúñiga, señores y posteriormente duques de Plasencia. Se levantó en el siglo XV como un edificio de carácter fortificado y se convirtió en el verdadero centro del poder señorial durante los años en que la ciudad estuvo bajo su dominio.
En su interior conserva un magnífico patio renacentista de dos plantas, decorado con los escudos de los Zúñiga y los Pimentel. También destacan su jardín colgante, el balcón plateresco y diferentes piezas romanas procedentes de Cáparra y Mérida.
El palacio se encuentra unido al antiguo convento de San Vicente Ferrer, actual Parador, cuya construcción también estuvo relacionada con esta familia. Es probablemente la residencia nobiliaria más importante y monumental de Plasencia.
El Palacio de Carvajal-Girón
Situado en la plaza de Ansano, perteneció a uno de los linajes más influyentes de la ciudad. El edificio actual se remonta principalmente al siglo XVI, aunque fue reformado y ampliado en épocas posteriores.
Su fachada de piedra almohadillada recuerda a los palacios renacentistas italianos. En ella destacan la gran portada de medio punto, el escudo de los Carvajal, el balcón de esquina y una torre circular.
En el interior se distribuyen patios, salones, antiguas cuadras y un jardín. El palacio se levantó en un espacio relacionado anteriormente con la segunda judería placentina y con la llamada Sinagoga Nueva. Por ello, bajo sus muros se unen distintas etapas de la historia de Plasencia.
La Casa del Deán y la Casa del Doctor Trujillo
Aunque exteriormente pueden parecer un solo conjunto, son dos edificios diferentes que fueron comunicados interiormente a principios del siglo XX para albergar el Palacio de Justicia.
La Casa del Deán fue construida en el siglo XVII y recibió ese nombre porque en ella habitaron varios deanes de la Catedral. Perteneció a la familia Paniagua de Loaisa y destaca especialmente por su extraordinario balcón en esquina, sostenido por columnas, y por su enorme escudo familiar.
La Casa del Doctor Trujillo conserva elementos góticos y platerescos. Las dos residencias, situadas frente a las catedrales, muestran la estrecha relación que existía entre las grandes familias, el Cabildo y el poder eclesiástico.
La Casa de las Argollas
Situada en la calle del Rey, es una de las casas más misteriosas y simbólicas de Plasencia. Sus argollas de piedra indicaban que la vivienda disfrutaba de privilegios especiales, relacionados tradicionalmente con su jurisdicción y con el derecho de asilo.
Estuvo vinculada a familias como los Trejo y los Nieto. Desde esta casa salió en 1475 el cortejo de Juana de Castilla, conocida como Juana la Beltraneja, para celebrar en la Plaza Mayor su matrimonio con Alfonso V de Portugal.
Aquel enlace formaba parte de la lucha por la Corona de Castilla y convirtió a Plasencia en escenario de un acontecimiento decisivo de la historia peninsular.
El Palacio de los Almaraz o de los Grijalva
Se encuentra en la calle de los Quesos y fue construido entre los siglos XVI y XVII. Tiene aspecto de casa-torre y presenta una arquitectura sobria, relacionada con el estilo herreriano.
Su fachada fue considerada tan representativa de la arquitectura señorial extremeña que se realizó una reproducción en el Pueblo Español de Barcelona. En sus escudos permanece la memoria de los Almaraz, los Grijalva y los Barrantes.
La Casa de las Infantas
Es una casa solariega de finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Perteneció a Pedro Fernández Manrique de Lara y a Leonor de las Infantas, relacionados con los señores de Galisteo.
Su fachada presenta sillares almohadillados, balcones renacentistas, medallones, figuras humanas y una decoración de inspiración italiana. Es una de las portadas civiles más singulares de Plasencia.
A estas residencias deben añadirse las casas de los Trejo-Barrantes, Trejo y Vargas, Toledo-Cadena, los condes de Torrejón y otras muchas que desaparecieron o quedaron ocultas tras sucesivas reformas.
El Palacio Episcopal merece una consideración aparte. No fue una residencia nobiliaria particular, sino la sede de los obispos de Plasencia, aunque muchos de aquellos prelados procedían de importantes familias aristocráticas. Su proximidad a las catedrales recuerda que en la ciudad el poder religioso llegó a ser tan importante como el de la nobleza.
Pasear hoy por el casco histórico de Plasencia es recorrer un enorme árbol genealógico construido en piedra. Los Monroy, Zúñiga, Carvajal, Almaraz, Trejo, Nieto, Paniagua, Loaisa y Vargas continúan presentes en sus escudos.
Aquellas casas no fueron únicamente viviendas. Fueron fortalezas, centros de poder, lugares de reunión y escenarios de bodas, conspiraciones, enfrentamientos y decisiones políticas.
Son la memoria de una Plasencia señorial en la que cada torre, cada blasón y cada balcón servían para recordar quién mandaba dentro de las murallas.