Churreria La Data Plasencia

Churreria La Data Plasencia Churreria La Data Zona Norte de Plasencia
a 300m de Carrefour Plasencia
a 50m de Multicines Alcazar
a 100m del centro de salud zona norte Fundada en 1974

Otro poco de historia con los nobles de Plasencia !Las casas nobles de Plasencia: piedra, poder y memoriaLa historia de ...
07/08/2026

Otro poco de historia con los nobles de Plasencia !

Las casas nobles de Plasencia: piedra, poder y memoria

La historia de Plasencia no solo está escrita en sus murallas, iglesias y catedrales. También permanece grabada en las fachadas de sus antiguos palacios, en los escudos de piedra, en las torres defensivas y en los grandes balcones desde los que las familias más poderosas contemplaban la vida de la ciudad.

Desde su fundación por Alfonso VIII en 1186, Plasencia atrajo a caballeros, hidalgos, eclesiásticos y grandes linajes. Fue ciudad de realengo hasta 1442, pasó después al señorío de los Zúñiga y recuperó su libertad en 1488.

Aquellas luchas por el poder dejaron una profunda huella en su arquitectura. Cada familia quiso levantar una residencia que demostrara su riqueza, su antigüedad y su influencia.

El Palacio de los Monroy o Casa de las Dos Torres

Es considerado el palacio civil más antiguo de Plasencia. Sus orígenes se remontan a los siglos XIII y XIV y estuvo vinculado a la poderosa familia Monroy.

Recibe el nombre de Casa de las Dos Torres porque originalmente tenía una torre en cada extremo, aunque actualmente solo conserva una. Su aspecto ha cambiado debido a reformas posteriores, pero todavía mantiene su antigua portada y buena parte de su carácter medieval.

Según la tradición, en esta casa nació María Rodríguez de Monroy, conocida como María la Brava. También se alojó en ella Fernando el Católico cuando llegó a Plasencia en 1488, después de que la ciudad recuperase su condición de realengo. Otro de sus huéspedes ilustres fue san Pedro de Alcántara.

El Palacio de Mirabel

Fue la gran residencia de los Zúñiga, señores y posteriormente duques de Plasencia. Se levantó en el siglo XV como un edificio de carácter fortificado y se convirtió en el verdadero centro del poder señorial durante los años en que la ciudad estuvo bajo su dominio.

En su interior conserva un magnífico patio renacentista de dos plantas, decorado con los escudos de los Zúñiga y los Pimentel. También destacan su jardín colgante, el balcón plateresco y diferentes piezas romanas procedentes de Cáparra y Mérida.

El palacio se encuentra unido al antiguo convento de San Vicente Ferrer, actual Parador, cuya construcción también estuvo relacionada con esta familia. Es probablemente la residencia nobiliaria más importante y monumental de Plasencia.

El Palacio de Carvajal-Girón

Situado en la plaza de Ansano, perteneció a uno de los linajes más influyentes de la ciudad. El edificio actual se remonta principalmente al siglo XVI, aunque fue reformado y ampliado en épocas posteriores.

Su fachada de piedra almohadillada recuerda a los palacios renacentistas italianos. En ella destacan la gran portada de medio punto, el escudo de los Carvajal, el balcón de esquina y una torre circular.

En el interior se distribuyen patios, salones, antiguas cuadras y un jardín. El palacio se levantó en un espacio relacionado anteriormente con la segunda judería placentina y con la llamada Sinagoga Nueva. Por ello, bajo sus muros se unen distintas etapas de la historia de Plasencia.

La Casa del Deán y la Casa del Doctor Trujillo

Aunque exteriormente pueden parecer un solo conjunto, son dos edificios diferentes que fueron comunicados interiormente a principios del siglo XX para albergar el Palacio de Justicia.

La Casa del Deán fue construida en el siglo XVII y recibió ese nombre porque en ella habitaron varios deanes de la Catedral. Perteneció a la familia Paniagua de Loaisa y destaca especialmente por su extraordinario balcón en esquina, sostenido por columnas, y por su enorme escudo familiar.

La Casa del Doctor Trujillo conserva elementos góticos y platerescos. Las dos residencias, situadas frente a las catedrales, muestran la estrecha relación que existía entre las grandes familias, el Cabildo y el poder eclesiástico.

La Casa de las Argollas

Situada en la calle del Rey, es una de las casas más misteriosas y simbólicas de Plasencia. Sus argollas de piedra indicaban que la vivienda disfrutaba de privilegios especiales, relacionados tradicionalmente con su jurisdicción y con el derecho de asilo.

Estuvo vinculada a familias como los Trejo y los Nieto. Desde esta casa salió en 1475 el cortejo de Juana de Castilla, conocida como Juana la Beltraneja, para celebrar en la Plaza Mayor su matrimonio con Alfonso V de Portugal.

Aquel enlace formaba parte de la lucha por la Corona de Castilla y convirtió a Plasencia en escenario de un acontecimiento decisivo de la historia peninsular.

El Palacio de los Almaraz o de los Grijalva

Se encuentra en la calle de los Quesos y fue construido entre los siglos XVI y XVII. Tiene aspecto de casa-torre y presenta una arquitectura sobria, relacionada con el estilo herreriano.

Su fachada fue considerada tan representativa de la arquitectura señorial extremeña que se realizó una reproducción en el Pueblo Español de Barcelona. En sus escudos permanece la memoria de los Almaraz, los Grijalva y los Barrantes.

La Casa de las Infantas

Es una casa solariega de finales del siglo XVI o comienzos del XVII. Perteneció a Pedro Fernández Manrique de Lara y a Leonor de las Infantas, relacionados con los señores de Galisteo.

Su fachada presenta sillares almohadillados, balcones renacentistas, medallones, figuras humanas y una decoración de inspiración italiana. Es una de las portadas civiles más singulares de Plasencia.

A estas residencias deben añadirse las casas de los Trejo-Barrantes, Trejo y Vargas, Toledo-Cadena, los condes de Torrejón y otras muchas que desaparecieron o quedaron ocultas tras sucesivas reformas.

El Palacio Episcopal merece una consideración aparte. No fue una residencia nobiliaria particular, sino la sede de los obispos de Plasencia, aunque muchos de aquellos prelados procedían de importantes familias aristocráticas. Su proximidad a las catedrales recuerda que en la ciudad el poder religioso llegó a ser tan importante como el de la nobleza.

Pasear hoy por el casco histórico de Plasencia es recorrer un enorme árbol genealógico construido en piedra. Los Monroy, Zúñiga, Carvajal, Almaraz, Trejo, Nieto, Paniagua, Loaisa y Vargas continúan presentes en sus escudos.

Aquellas casas no fueron únicamente viviendas. Fueron fortalezas, centros de poder, lugares de reunión y escenarios de bodas, conspiraciones, enfrentamientos y decisiones políticas.

Son la memoria de una Plasencia señorial en la que cada torre, cada blasón y cada balcón servían para recordar quién mandaba dentro de las murallas.

A todo esto que casi los pilla el toro !Buenas tardes!
07/08/2026

A todo esto que casi los pilla el toro !
Buenas tardes!

Vamos con otro personaje ilustre de Plasencia!Don José Sendín Blázquez, mi gran profesor !Antes de comenzar, una pequeña...
07/08/2026

Vamos con otro personaje ilustre de Plasencia!

Don José Sendín Blázquez, mi gran profesor !

Antes de comenzar, una pequeña aclaración: en sus libros y registros biográficos aparece como José Sendín Blázquez, aunque en algún documento oficial llegó a figurar como «Sandín», de ahí la confusión.

Para muchos placentinos, don José Sendín Blázquez fue sacerdote, canónigo, escritor, investigador y defensor del patrimonio histórico. Para mí fue algo mucho más cercano: fue mi profesor.

Con el paso de los años uno comprende que aquel hombre situado delante de la pizarra tenía detrás una vida inmensa, dedicada a la enseñanza, a la Iglesia, a la cultura y, especialmente, a conservar la historia y las tradiciones de Plasencia y Extremadura.

José Sendín Blázquez nació el 6 de febrero de 1929 en Becedas, un pequeño pueblo de la provincia de Ávila. Llegó a Plasencia cuando solamente tenía doce años para comenzar su formación sacerdotal. Aquella ciudad a la que llegó siendo casi un niño terminaría convirtiéndose en su hogar y en el centro de gran parte de su vida.

Fue ordenado sacerdote en 1953 y desarrolló su labor pastoral en la diócesis placentina. Ejerció como párroco en Casas de Millán y Grimaldo, pero su trayectoria fue mucho más amplia. Llegó a ser canónigo de la Catedral de Plasencia, delegado diocesano de Arte y fundador y director del Museo Catedralicio.

Un hombre dedicado a la enseñanza

Don José no fue solamente sacerdote. Poseía una extraordinaria preparación académica. Estudió Magisterio en Cáceres, se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y amplió su formación con estudios de Filosofía Eclesiástica en Roma.

Fue catedrático de Lengua y Literatura de Enseñanzas Medias y profesor de Formación Profesional. Impartió clases en el Instituto Virgen del Puerto, enseñó Ética y Religión en la Escuela de Enfermería de Plasencia y también fue profesor de Lengua en la Escuela de Magisterio de la Iglesia y de Estudios Eclesiásticos en el Seminario. Además, estuvo vinculado a los colegios de San Calixto y de la Santísima Trinidad.

Pero detrás de todos esos títulos estaba el profesor al que conocimos sus alumnos. Nosotros lo veíamos entrar en clase, explicar, corregir y exigirnos que aprendiéramos. Tal vez entonces no éramos conscientes de que estábamos delante de uno de los grandes estudiosos y divulgadores de la historia placentina.

Porque hay profesores que se recuerdan solamente por una asignatura, pero existen otros cuyo nombre permanece unido para siempre a una época de nuestra vida. Don José fue uno de ellos.

Defensor del patrimonio de Plasencia

Una parte fundamental de su vida estuvo dedicada a la Catedral de Plasencia. No se limitó a ejercer allí como canónigo: estudió sus piedras, sus retablos, su coro, su arquitectura, su historia y los numerosos símbolos escondidos en sus obras de arte.

Fue fundador y director del Museo de la Catedral y ayudó a reunir, ordenar, interpretar y mostrar un patrimonio que durante mucho tiempo había permanecido poco conocido. También formó parte de la Comisión de Arte del Ayuntamiento.

En 1977 fue nombrado representante de las corporaciones culturales y los centros docentes dentro de la Comisión del Patrimonio Histórico-Artístico de Plasencia. Aquella comisión debía vigilar y proteger los monumentos y el conjunto histórico de la ciudad. Su nombramiento demuestra que ya entonces era considerado una persona de referencia en asuntos culturales y patrimoniales.

También participó en la creación de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago-Vía de la Plata y estuvo relacionado con una importante colección de piezas prehistóricas del Paleolítico y del Neolítico depositada en la Catedral.

Escritor de Plasencia y Extremadura

Don José Sendín comprendió algo muy importante: las leyendas, tradiciones y relatos populares también forman parte de la historia de un pueblo. Por eso recorrió Extremadura recogiendo narraciones que habían pasado oralmente de padres a hijos y que corrían peligro de desaparecer.

Publicó más de veinte libros, además de numerosos artículos, ensayos y colaboraciones. Entre sus obras destacan:

Leyendas extremeñas.
Leyendas religiosas de Extremadura.
Tradiciones extremeñas.
Plasencia. Historia, guía y leyenda.
Las Catedrales de Plasencia.
Nuestra Señora del Puerto. Historia crítica, imagen, vida y leyenda.
Vía de la Plata: calzada y Camino de Santiago.
Mitos y leyendas del Camino de Santiago del Sur.
Santos de leyenda, leyendas de santos.
Enigmas, historias y leyendas religiosas.
Becedas: historia, vida y costumbres de un pueblo castellano.

También escribió sobre los judíos de Plasencia, la ermita de San Lázaro, el convento de Santo Domingo, el retablo y la sillería del coro de la Catedral, la Virgen del Puerto y la historia anterior a la propia fundación de la ciudad.

Don José falleció en Plasencia a finales de octubre de 2015, a los 86 años. Su funeral se celebró en la Catedral y sus restos fueron trasladados posteriormente al cementerio de Becedas, su pueblo natal.

Hoy, cuando vuelvo a encontrar su nombre en un libro sobre Plasencia, Extremadura o sus leyendas, no veo solamente al sacerdote, al canónigo o al escritor. Veo a mi profesor.

Aquel hombre que un día tuve delante en clase fue también uno de los responsables de que numerosas historias, tradiciones y conocimientos sobre nuestra tierra no terminaran perdiéndose en el olvido.

Por eso merece ser recordado: por su labor religiosa, por sus investigaciones, por los libros que dejó escritos y por su defensa de la Catedral y del patrimonio placentino. Pero yo quiero recordarlo, sobre todo, con el tratamiento respetuoso con el que lo conocimos:

Don José Sendín Blázquez, mi profesor! D.E.P.
https://www.amazon.com/Books-JOSE-SENDIN-BLAZQUEZ/s?i=stripbooks&rh=n%3A283155%2Cp_27%3AJOSE%2BSENDIN%2BBLAZQUEZ%2Cp_n_feature_twenty-five_browse-bin%3A3291439011&dc&language=es&ds=v1%3ACABTq3Si%2FIk7k4ruFws1SZAccU2eUwTPgAI%2B5INz12g&qid=1786100445&rnid=3291435011&utm_source=chatgpt.com&ref=sr_nr_p_n_feature_twenty-five_browse-bin_1

EL VERANO DE UNOS NO PUEDE CONVERTIRSE EN LA CONDENA DE OTROSLlegan las fiestas, los viajes, las escapadas y las vacacio...
07/08/2026

EL VERANO DE UNOS NO PUEDE CONVERTIRSE EN LA CONDENA DE OTROS

Llegan las fiestas, los viajes, las escapadas y las vacaciones. Preparamos las maletas, cerramos la puerta de casa y nos marchamos dispuestos a disfrutar. Pero, detrás de algunas de esas puertas cerradas, queda una mascota esperando.

Esperando una voz conocida.

Esperando que alguien regrese.

Esperando durante horas interminables sin entender qué ha ocurrido ni por qué, de repente, la casa se ha quedado vacía.

Hay personas que se marchan y dejan a sus animales solos durante todo el día. Con suerte, alguien de confianza pasa unos minutos para llenarles el comedero, cambiarles el agua y comprobar que siguen allí. Después vuelve a cerrar la puerta y se marcha. Y al día siguiente sucede exactamente lo mismo.

Una visita rápida, un plato de comida y un recipiente con agua no sustituyen el cariño, la compañía, los cuidados, los paseos ni la atención que necesita un animal.

Una mascota no es una planta que pueda regarse de vez en cuando.

No es un mueble que se deja tapado hasta que terminan las vacaciones.

No es un juguete que se guarda cuando ya no apetece jugar con él.

Es un ser vivo que siente miedo, tristeza, ansiedad y soledad. Un animal no comprende que te has marchado de fiesta o de vacaciones. No sabe cuántos días vas a tardar en regresar. Solamente sabe que la persona en la que confiaba ha desaparecido y que las horas pasan mientras continúa mirando hacia la puerta.

Cada ruido en la escalera puede parecerle tu regreso.

Cada llave que escucha puede hacerle levantarse.

Cada noche que llega sin verte supone otra espera.

Y mientras algunos disfrutan, celebran y publican fotografías de sus vacaciones, su mascota permanece encerrada, sin entender por qué ha dejado de formar parte de sus vidas durante esos días.

Y todavía existe algo mucho más cruel.

Cuando la mascota comienza a molestar, cuando no cabe en los planes o cuando resulta complicado encontrar quién se haga cargo de ella, algunas personas eligen la salida más miserable: abandonarla en una carretera, en el campo, junto a un contenedor o en cualquier lugar desconocido.

La bajan del coche, cierran la puerta y se marchan.

Y el animal corre detrás.

Espera.

Busca.

No entiende nada.

Permanece allí convencido de que la persona a la que quería regresará a buscarlo. Pero pasan las horas, llega la noche y nadie vuelve. Lo que para algunos ha sido quitarse un problema de encima, para ese animal significa perder de golpe su casa, su familia y todo aquello que conocía.

Esto tiene que decirse alto y claro:

TENER UNA MASCOTA ES UN COMPROMISO PARA TODA SU VIDA, NO SOLAMENTE PARA LOS DÍAS EN LOS QUE NOS RESULTA CÓMODO.

No se puede querer a un animal durante el invierno y olvidarlo cuando llegan las vacaciones.

No se puede presumir de él en las fotografías y dejarlo solo cuando estorba.

No se puede llamarlo “uno más de la familia” y después tratarlo como un objeto abandonado.

Si vas a marcharte, organiza con tiempo quién va a cuidarlo de verdad. Busca a una persona responsable, una residencia adecuada o una alternativa en la que reciba atención, compañía y cariño. Y si no estás preparado para asumir esa responsabilidad durante años, sencillamente no tengas una mascota.

Porque ellos no eligen llegar a nuestra casa.

Somos nosotros quienes decidimos llevarlos.

Somos nosotros quienes les enseñamos a confiar.

Somos nosotros quienes nos convertimos en todo su mundo.

Y por eso somos también responsables de no destrozárselo.

Basta ya de animales solos detrás de una puerta mientras sus dueños están de fiesta.

Basta ya de excusas.

Basta ya de mirar hacia otro lado.

Basta ya de abandonos.

UNA MASCOTA NO ES UN CAPRICHO, NO ES UN REGALO Y NO ES UN ESTORBO. ES UNA VIDA.

Y abandonar a quien ha confiado completamente en ti no es un descuido: es la peor de las traiciones .

07/08/2026

¿QUÉ OCURRE ESTE AÑO CON «20 A LA ISLA»?
Sabeis algo ?

A día de hoy, 7 de agosto de 2026, seguimos sin conocer oficialmente el cartel de «20 a la Isla», uno de los ciclos musicales habituales de los veranos placentinos.

Según la programación adelantada en una guía de actividades publicada durante el mes de julio, los conciertos estarían previstos para los martes 11, 18 y 25 de agosto. Es decir, si esas fechas se mantienen, la primera actuación tendría que celebrarse este próximo martes. Sin embargo, cuando apenas faltan cuatro días, todavía no se ha anunciado quién actuará, a qué hora comenzará el concierto ni cuál será la programación definitiva.

Tampoco aparece, por ahora, una presentación oficial del ciclo por parte del Ayuntamiento, ni se ha difundido el tradicional cartel con los grupos o artistas participantes. Y lo más extraño es que tampoco existe ningún comunicado informando de un aplazamiento, un cambio de fechas o una posible suspensión.

El año pasado, a estas alturas, los placentinos ya conocíamos la programación. El cartel se anunció el 23 de julio, con tiempo suficiente para promocionar las actuaciones y para que vecinos y visitantes pudieran organizarse. Este año hemos llegado al 7 de agosto y continúa el silencio.

Puede que el ciclo vaya a celebrarse y que el anuncio aparezca en las próximas horas, pero no parece normal que una actividad cultural prevista para comenzar el martes siga sin contar con información pública a las puertas del fin de semana. La promoción de un acontecimiento musical no debería reducirse a publicar un cartel precipitadamente unos días antes. Los artistas, los establecimientos de la zona, los aficionados y las personas que puedan desplazarse desde otros lugares necesitan conocer la programación con cierta antelación.

«20 a la Isla» se ha convertido con los años en una cita conocida del verano placentino. Su celebración anima las noches de agosto, ofrece música al aire libre y contribuye a dar vida a uno de los espacios más queridos de nuestra ciudad. Precisamente por eso resulta difícil comprender esta falta de información.

No estamos hablando de una actividad improvisada, sino de un ciclo que se celebra habitualmente y cuya preparación debería encontrarse cerrada desde hace semanas. Una programación cultural también necesita organización, difusión y respeto hacia el público. Anunciarla tarde perjudica la asistencia y transmite una preocupante sensación de improvisación.

Por el momento, lo único que puede afirmarse es lo siguiente: «20 a la Isla» aparece previsto para los días 11, 18 y 25 de agosto, pero todavía no se conocen oficialmente los artistas ni los horarios. Tampoco se ha comunicado que haya sido cancelado.

Esperemos que el Ayuntamiento aclare cuanto antes qué sucede y publique la programación definitiva. Si el primer concierto continúa previsto para este próximo martes, los placentinos merecemos saberlo ya.

¿Habrá finalmente «20 a la Isla» este verano? ¿Quiénes actuarán? ¿Se mantienen las fechas anunciadas? A solo cuatro días de su supuesto comienzo, seguimos esperando respuestas.

FESTIVAL INTERNACIONAL FOLK DE PLASENCIATreinta ediciones haciendo bailar a la murallaHay noches de agosto en Plasencia ...
06/08/2026

FESTIVAL INTERNACIONAL FOLK DE PLASENCIA
Treinta ediciones haciendo bailar a la muralla

Hay noches de agosto en Plasencia que suenan de una manera diferente. Noches en las que la flauta y el tamboril se mezclan con gaitas, violines, acordeones, percusiones africanas, ritmos balcánicos y músicas llegadas desde distintos rincones del mundo. Son las noches del Festival Internacional Folk de Plasencia.

El festival nació el 29 de agosto de 1996. Manantial Folk fue el encargado de abrir aquella primera edición, celebrada en la Plaza Mayor. En su cartel también aparecieron nombres tan importantes como Gwendal, Carlos Núñez, Flaco Jiménez y Oskorri. La música tradicional encontraba así un gran escenario bajo la mirada del Abuelo Mayorga.

Durante sus primeros años, la Plaza Mayor fue la casa del festival. Allí permaneció hasta 2007. A partir de 2008, los conciertos se trasladaron al recinto amurallado de Torre Lucía, un lugar que terminaría convirtiéndose en una parte inseparable de su identidad.

Torre Lucía ofrece algo que difícilmente puede encontrarse en otro festival: un escenario levantado junto a la muralla medieval, al aire libre y en pleno corazón histórico de Plasencia. Cuando cae la noche, las piedras, la música y la iluminación crean un ambiente especial. Parece como si los antiguos caminos, las historias y las voces de nuestros antepasados regresaran durante unas horas.

Por sus escenarios han pasado grandes figuras y formaciones de la música tradicional y de raíz: Kepa Junkera, Berrogüetto, Capercaillie, Shooglenifty, Kíla, Luar na Lubre, Oysterband, Carmen París, Eliseo Parra, Eliades Ochoa, Hedningarna, Warsaw Village Band, La Musgaña, Susana Seivane, Värttinä, Noa, António Zambujo, Ara Malikian, Hevia y Four Men and a Dog, entre muchos otros.

También ha servido para dar visibilidad a grupos extremeños como Acetre, Manantial Folk, Aulaga Folk, EnVerea, Los Niños de los Ojos Rojos o El Pelujáncanu. El festival siempre ha reservado un lugar para nuestra música, nuestros instrumentos y nuestras canciones, demostrando que el folclore extremeño puede convivir con las músicas tradicionales de Irlanda, Escocia, Francia, Portugal, los Balcanes, África o América.

Porque el Folk de Plasencia nunca ha entendido la tradición como una pieza encerrada en una vitrina. Aquí las canciones antiguas se recuperan, pero también se transforman. La raíz se mezcla con el rock, el jazz, la electrónica, el flamenco y los ritmos del mundo. Esa capacidad para conservar el pasado sin renunciar al presente ha sido una de las claves de su supervivencia.

Los conciertos gratuitos son el corazón del festival, pero no su única actividad. Cada edición se completa con pasacalles por el centro histórico y talleres de baile, canto, percusión e instrumentos tradicionales. Algunas ediciones han llegado a reunir alrededor de 20.000 personas durante sus tres jornadas.

En 2020, la pandemia obligó a suspender por primera vez la cita. La música regresó en 2021 con la celebración de sus bodas de plata. Hasta entonces, más de cien artistas y alrededor de 200.000 espectadores habían pasado por el festival.

LA TRIGÉSIMA EDICIÓN DE 2026

Los días 20, 21 y 22 de agosto de 2026, el Festival Internacional Folk de Plasencia celebrará su trigésima edición en Torre Lucía, con entrada gratuita.

Jueves 20 de agosto

21:30 horas: Collado Project
22:45 horas: Acetre
23:55 horas: El Nido

Viernes 21 de agosto

21:30 horas: Karmento
22:45 horas: Breabach
23:55 horas: Afrosideral

Sábado 22 de agosto

21:30 horas: La Man Encantada
22:45 horas: Los Niños de los Ojos Rojos
23:55 horas: Kumpania Algazarra

También habrá pasacalles por el centro histórico y talleres gratuitos de baile folk en el Centro Cultural Las Claras.

Treinta ediciones después, el Festival Folk de Plasencia continúa recordándonos que la música tradicional no pertenece solamente al pasado. Pertenece a quienes la cantaron, a quienes la conservaron y a quienes hoy vuelven a hacerla sonar.

Durante tres noches, Torre Lucía deja de ser únicamente una parte de nuestra vieja muralla. Se convierte en un lugar de encuentro entre pueblos, generaciones y culturas.

Y entonces Plasencia no solo escucha la música: también recuerda, baila y se reconoce en ella .

He encontrado un dato muy importante : la Torre Lucía no habría servido únicamente para orientar a los viajeros, sino qu...
06/08/2026

He encontrado un dato muy importante : la Torre Lucía no habría servido únicamente para orientar a los viajeros, sino que formaba parte de una auténtica red de alarma entre Plasencia y varias fortalezas de la comarca.

La Torre Lucía, el “telégrafo de fuego” de la Plasencia medieval

Mucho antes de que existieran el teléfono, la radio o el telégrafo eléctrico, Plasencia disponía de un sistema capaz de transmitir una señal de peligro a muchos kilómetros de distancia.

La protagonista era la Torre Lucía, situada en uno de los puntos más elevados del recinto amurallado y muy cerca del desaparecido Alcázar. No pertenecía al núcleo central de aquella fortaleza, pero estaba integrada en el mismo sector defensivo y actuaba como una posición adelantada de vigilancia.

Desde su parte superior se encendían hogueras que podían verse desde numerosos puntos del entorno. Su misión era doble: servir como referencia nocturna para los caminantes que se dirigían hacia Plasencia y transmitir señales de alarma cuando se aproximaba algún peligro.

Una cadena de castillos

Algunos estudios históricos sostienen que las señales emitidas desde Plasencia eran recogidas y repetidas por otras fortalezas y atalayas de la región. Entre los lugares relacionados con aquella cadena aparecen:

El castillo de Mirabel.
Las alturas de Segura de Toro.
Grimaldo.
Portezuelo.
Monfragüe.
Las sierras situadas en dirección a Béjar.

Esto no significa necesariamente que todos esos lugares pudieran verse directamente desde la Torre Lucía. Lo más probable es que el aviso pasara de una fortaleza a otra, como una cadena. Cada vigía divisaba la señal del punto anterior y encendía la suya para que el mensaje continuara avanzando.

Durante la noche se utilizaba la luz de las llamas. Durante el día, algunos investigadores mencionan señales de humo e incluso reflejos producidos con espejos o superficies metálicas pulidas.

Gracias a este procedimiento, una alarma podía recorrer una distancia considerable mucho más rápidamente que un mensajero a caballo.

¿Qué ocurría cuando aparecía la señal?

Cuando se observaba una hoguera de alarma, los vigilantes podían alertar al Alcázar, al Concejo y a los habitantes de la ciudad. Las puertas de la muralla se cerraban, se reforzaba la vigilancia y se preparaban los hombres encargados de la defensa.

La señal también advertía a los habitantes de los campos y pueblos cercanos, que podían recoger sus ganados, abandonar los caminos o buscar refugio dentro de alguna población fortificada.

Plasencia había sido concebida por Alfonso VIII como una ciudad-fortaleza. Su misión era proteger la frontera castellana frente a los almohades, pero también vigilar el límite occidental con el reino de León. Después de la ocupación almohade de 1196 y de la recuperación castellana de 1197, sus defensas fueron reforzadas.

Entre finales del siglo XII y comienzos del XIII se levantó el gran sistema formado por la muralla principal, la barbacana exterior, el foso, los cubos defensivos y el Alcázar. La Torre Lucía formaba parte de aquel complejo dispositivo.

Una torre diferente a las demás

La mayor parte de los cubos de la muralla placentina tenían forma semicircular. La Torre Lucía, sin embargo, era de planta cuadrada, de grandes dimensiones y estaba situada en una esquina estratégica del recinto.

Su altura permitía dominar los caminos, las vegas, las sierras y buena parte del territorio que rodeaba la ciudad. Desde allí, el vigía podía observar cualquier movimiento extraño y transmitir la alarma.

El historiador placentino José Sendín Blázquez la describió como una almenara desde la que se comunicaban las luces con la atalaya de Mirabel y con las alturas de las sierras de Segura y Béjar. Por eso también fue denominada simbólicamente como la “torre de la luz” o la “torre del fuego”.

¿De dónde procede el nombre?

La explicación tradicional relaciona el nombre de Lucía con la luz que brillaba en su parte superior: la torre que lucía.

Es una interpretación muy extendida entre los historiadores locales y asumida también por la información patrimonial de la ciudad. Sin embargo, no se conserva un documento medieval que explique de manera definitiva el origen exacto del nombre.

Tampoco conocemos el código utilizado. No sabemos si una hoguera significaba vigilancia, dos anunciaban la llegada de tropas o varias advertían de un ataque. Por eso debemos llamar “telégrafo de fuego” a este sistema de manera figurada: transmitía información visual a distancia, pero no podemos asegurar que tuviera un código tan elaborado como los telégrafos ópticos posteriores.

Una torre que estuvo a punto de desaparecer

La Torre Lucía sobrevivió a la destrucción progresiva del sistema defensivo placentino. En el Archivo Municipal aparece documentada en 1847 la concesión del llamado “cubo de la Lucía” a Manuel Matías Muñoz. Durante las décadas siguientes también se vendieron o cedieron terrenos situados junto a la torre.

Mientras numerosas piedras de la muralla y del Alcázar fueron retiradas para construir casas y otras obras, la Torre Lucía consiguió permanecer en pie. El Alcázar acabó desapareciendo completamente durante la década de 1930, pero aquella antigua almenara conservó una parte esencial de la memoria defensiva de Plasencia.

Hoy contemplamos un monumento, un mirador y un espacio cultural. Pero hace ocho siglos, cuando una llama aparecía en lo alto de la Torre Lucía, no era una simple hoguera.

Era una llamada de atención.

Era Plasencia avisando a sus vecinos y comunicándose con los castillos del territorio.

Era, salvando las distancias, el auténtico telégrafo de fuego de la Plasencia medieval.

Dirección

Calle Batalla De San Quintín
Plasencia
10600

Horario de Apertura

Martes 06:00 - 10:00
Miércoles 06:00 - 10:00
Jueves 06:00 - 10:00
Viernes 06:00 - 10:00
Sábado 06:00 - 10:30
Domingo 06:00 - 11:00

Teléfono

+34667276120

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