06/07/2026
«Se descorchan paisajes».
Una frase de Gonzalo Lozano, enólogo y alma de Bodegas Monroy, que, después de vivir esta experiencia, tiene más sentido que nunca.
Hay lugares que no solo se visitan, se sienten. Y hay vinos que no solo se beben, cuentan historias.
Hoy nuestro equipo de Senderuela ha tenido la suerte de volver a la tierra. A Villamanta, a sus viñedos, al lugar donde todo comienza. Al origen de unos vinos que llevamos tiempo disfrutando y recomendando.
Hacía mucho tiempo que una bodega no conseguía emocionarnos tanto. Quizá porque en Bodegas Monroy no solo hemos descubierto grandes vinos; hemos descubierto personas, una familia y una forma de entender la tierra que emociona. Porque hay lugares en los que el vino deja de ser solo vino para convertirse en paisaje, en historia y en la pasión de quienes dedican su vida al campo.
Caminar entre sus viñas, escuchar a Gonzalo hablar con tanta pasión y comprender todo el trabajo que hay detrás de cada botella nos ha recordado que el vino empieza mucho antes de llegar a una copa.
Siempre hemos apostado por los pequeños productores, porque detrás de cada uno de ellos hay una familia, una historia y una forma de entender la tierra que merece ser conocida. Nos gusta acercarnos a su mundo, aprender de quienes viven el campo con pasión y respeto, y compartir después esa emoción con cada persona que se sienta a nuestra mesa. Porque cuando conocemos el origen, no solo servimos un vino: compartimos una historia.
Nos gusta seguir aprendiendo. Vivir estas experiencias, conocer de cerca a quienes elaboran los vinos que os ofrecemos y comprender su trabajo nos permite recomendar cada botella con conocimiento, pero, sobre todo, con emoción.
Gracias, Gonzalo, y a todo el equipo de Bodegas Monroy, por abrirnos las puertas de vuestra casa y compartir con nosotros vuestra pasión, vuestro conocimiento y vuestra forma de entender la tierra.
Y gracias también a todo nuestro equipo, por su compromiso, su curiosidad y sus ganas de seguir creciendo. Cada formación, cada visita y cada encuentro con productores como vosotros nos ayuda a ofrecer algo mucho más importante que un buen vino: una experiencia con alma.
Porque al final, un vino nunca es solo un vino.
Es una historia.
Es una tierra.
Es un paisaje.
Y es una emoción que tenemos la suerte de compartir con vosotros en cada copa.