14/08/2026
Llevamos 20 años en la hostelería. Hemos conocido gente mala, gente complicada, pero también —y mucha más— gente maravillosa, de esa que te devuelve la fe en las personas.
Pero tantos HDP por metro cuadrado como en esta ciudad en la que llevamos casi 10 años, sinceramente, no los habíamos conocido nunca.
Nos han robado de todo: dinero de la caja, enchufes, jarras de café, cucharas, sombrillas, relojes que utilizamos para controlar el tiempo de infusión de nuestros tés… Incluso la tapa del váter.
Y ahora, desde hace tiempo, alguien se dedica a venir y apagar las colillas en nuestro toldo de la terraza, quemándolo poco a poco.
No es la primera vez que lo digo públicamente: algún día un listo va a caer.
Y cuando ese día llegue, solo le diré una cosa:
Que se prepare.
Porque a veces uno acaba pagando por todos, incluso por cosas que no ha hecho.
Estamos cansados. Muy cansados.
Esto no es una broma, ni una travesura, ni «cosas que pasan en la hostelería». Es faltar al respeto al trabajo, al esfuerzo y a muchos años levantando cada día la persiana.
Y sí, seguimos confiando en la gente buena.
Pero al que está haciendo esto, que sepa que todo acaba dejando rastro.