15/03/2022
Dicen los expertos que abrir un Bar en Madrid es un negocio que tarda 6 años en amortizarse. Otros hablan de encontrar algo con lo que diferenciarte de los demás para alcanzar la clave del éxito. Pero hace casi 50 años, la hostelería vivía un momento muy bueno y muy distinto.
En 1975, comenzamos a trabajar en nuestro pequeño bar, el Bar Finisterre, situado en la Calle Benito Gutierrez, en pleno centro de Madrid. Después vino la compra del negocio y formar una tierra leonesa y zamorana en la capital, algo que desde el primer día nos diferenció y marcó cada paso que dimos. Se notaba en nuestras banderas, adornando siempre el techo del bar y acompañadas de decenas de fotos, aperos de labranza y ese olor a casero casero.
En todos estos años nuestra mayor ilusión y el mayor esfuerzo es que cualquiera que entrase a Finisterre, se sintiese como en casa, efectivamente. De la cocina, ni hablamos, lo dimos todo, esas manos cocinando son benditas, casi santas, a cuántos hicieron felices... Y qué me decís de la pose tirando una buena cerveza de barril o ese toque perfecto de plancha en los aperitivos...
Creemos que lo que importa es de la manera en la que uno vive las cosas. En todos estos años hemos logrado llevar nuestras raíces, nuestra vida, la familia, el alma, al Finisterre. Un lugar donde hemos pasado tantas horas, tantos días, tantos eventos, amigos, familia, crisis, momentos álgidos, celebraciones, vacíos, alegrías, trabajo, mucho trabajo... Incluso resistir a una pandemia, quién nos lo iba a decir.
Queridos amigos, nuestra segunda casa, muchas veces la primera, ya ha echado el cierre. No os lo negamos, han sido lágrimas y lágrimas las que hemos soltado, unas de felicidad, otras de tristeza y otras de melancolía. Toca el momento de disfrutar de lo que queda por vivir, de lo merecido después de más de 40 años dedicados a la hostelería. Nos llevamos muchos amigos, muchas vivencias y muchos recuerdos de tantos años.
¿Anécdotas? Millones. Pero la mayoría de ellas quedan guardadas en lo más profundo de nosotros. Todo lo vivido queda entre esas paredes, en el recuerdo de la barra y en la calle que tanto nos vio pasar.
Gracias por tanto, gracias por tantos años.