12/02/2017
Era Septiembre se acababa el verano y la nueva ordenanza prohibía el botellón en Gijón. Con el frío y la lluvia los bares de duro se saturaron, lo ví claro, todo mi sueldo de un año invertido en una locura, dejar sin sed a una generación sedienta de calimocho.
Encontré el local perfecto, y me puse a ello, bueno, nos pusimos, hicieron falta muchas manos para poner aquello en marcha.
Cinco de diciembre, jueves, como si fuese hoy lo recuerdo, toda la inexperiencia posible, junta detrás de una barra ¡¡Que equipo!! Vaya "tres patas pa un banco", nunca mejor dicho.
No habían pasado dos semanas y eramos éxito, nueve de la noche y cola esperando para entrar ¿Abrir antes? Ni me lo plantee.
Todos los números que había hecho dejaban de tener sentido, las ventas quintuplicaban lo esperado, pasabamos a comprar el vino por palets, mesas reservadas, cumpleaños, duros de clase... eramos el bar de moda y llegó el primer carnaval de ovejas, jamás entendere quien bebió los cientos de calderos de calimocho que vendí aquella noche. Llegó el verano y siguió el éxito, que locura de Semana Grande 10 días sin apenas dormir, merecía la pena disfrutaba como un loco.
Y se cumplía el primer año, y aunque era el trabajo de sus vidas, y lo disfrutaban como nadie, eran unos aventureros y uno detrás de otro se fueron a Londres. Llegaron los nuevos, un nuevo equipo, que entre risas, milis, salidas nocturnas y nuevos trabajos acabamos quedando un mano a mano, con uno de los de siempre de los de casa.
Tenía ganas de salir fuera y nos fuimos a Metropoli, y reventamos los records, pero aún así no me hice rico, pero uno no solo se hace rico en billetes.
Entraba la temida ley de los 18 y nos volvimos unos ilegales, pero nunca fuí yo muy de respetar las normas, y pasábamos a repartir el pastel entre más.
Llegamos a un punto que las ventas no son las mismas, pero las fuerzas tampoco, me gané la fama de currante, pero todo tiene un límite así que ayer después de 38 meses bajé la persiana de La Oveja Negra por última vez, con pena y dando gracias una y mil veces a cada uno de los que haya hecho que "La Oveja Negra" sea uno de los capítulos más importantes del libro de mi vida.