10/01/2021
Las 4 reglas de oro para elegir bien el vino con cada tipo de comida:
Equilibrio: es muy importante que el sabor del vino y el de la comida se realcen mutuamente sin que ninguno domine sobre el otro, o lo que es peor, que lo anule. Por eso, las comidas ligeras suelen combinar bien con vinos ligeros y las comidas fuertes o especiadas con vinos fuertes, envejecidos y de mucho cuerpo.
Sobriedad: no conviene servir muchos vinos diferentes en la misma comida, porque el exceso de sabores acaba por aturdir el paladar. Si solo se va a servir un vino, es preferible que sea ligero y más acorde con el plato principal.
Textura: los vinos más astringentes casan bien con los platos grasos, y los afrutados, con los sabores salados y dulces.
Armonía: una comida bien ordenada debería conducir poco a poco a un punto culminante; lo mismo que la elección de los vinos. En general, conviene servir los blancos antes que los tintos; los secos antes que los dulces; los jóvenes antes que los viejos, sin perjuicio de que un vino blanco con mucho cuerpo pueda llegar después de un tinto joven y ligero.