23/05/2026
El mar y la tierra se encuentran en este plato desde la calma, sin imponerse el uno al otro.
Guisamos el rabito de cerdo ibérico hasta conseguir una textura melosa, profunda, de esas que recuerdan a la cocina lenta y al fondo de una buena olla.
A su alrededor, yema curada y una crema de judía mantecosa trabajada como un pil-pil. Una judía de manteca cultivada por Rossana en Mutxamel, delicada, suave y profundamente ligada a nuestra tierra. Un producto cercano que nos recuerda que Alicante también se cocina desde sus huertas, desde sus productores y desde esas manos que cuidan lo pequeño con enorme sensibilidad.
Para terminar, la cigala.
Mar y montaña, sí.
Pero no como fórmula. Como conversación.
La intensidad del guiso, la suavidad de la legumbre, la elegancia de la cigala y esa forma tan nuestra de unir memoria, producto y territorio en un mismo plato.
Alicante también se entiende así: desde lo humilde, lo noble y lo inesperado.