16/04/2025
Maicenita con café: una merienda que sabe a campo y a cariño
En Colombia, la colada de maicena o como muchos le decimos con ternura, la maicenita es más que una bebida: es un abrazo caliente servido en taza. Esa cremita suave, dulce y espesa, que se cuela entre recuerdos de infancia y tardes en la finca, ha sido por generaciones la merienda de confianza, la que calma el alma y consiente el cuerpo.
En las casas de bareque, entre bancas de madera y cocinas con humo de leña, se preparaba esta delicia con leche, panela o azúcar, y un toque de vainilla que llenaba todo el aire. Pero aquí la reinventamos, sin perderle el alma: le damos un giro con café campesino, de ese que crece entre palmas de cera y cafetales nublados, para que cada sorbo sea un paseo por el corazón del Quindío.
Imagínate esto: una mañana fresca, el canto de los pajaritos, la neblina abrazando los guaduales, el aroma del café tostado recién molido. Te sientas en el corredor de la casa, una taza de maicenita caliente entre las manos, con ese toque amargo del café que contrasta perfecto con lo cremoso y dulce. No hay afán. Solo el sonido del campo, el calorcito de la taza, y el sabor de lo que realmente importa.
Porque la maicenita con café no es solo una receta: es una forma de volver a lo simple, a lo puro, a lo que nos conecta con nuestras raíces.