17/02/2017
Uno de los momentos más gratos vividos junto a mi abuelo fue al cumplir mis quince años de edad, cuando en una fiesta sorpresa decidió festejarme mi onomástico invitando a mis mejores amigos del colegio, en medio de música rocanrolera integrándose a bailar con nosotros a bailar como un chico más. Parecía que disfrutaba intensamente de esos momentos como si quisiera detener el tiempo sintiéndose joven y alegre. Mi abuela con su característico donaire lo observaba entre seria y divertida.
En su última navidad con nosotros nos reunió alrededor del comedor principal y con su manera solemne de hablar nos fue relatando sus comienzos al fundar sus primeras empresas, soportando envidias y resquemores de muchas gentes, pero que sin embargo logro seguir adelante pensando que la vida debía vivirse intensamente robándoles momentos de verdad, sintiendo la sensación de fortaleza. Llega a mi mente cuando sus grandes ojos grises se perdieron en un instante en la lejanía. Su rostro demacrado y fatigado por el tiempo, pero a la vez denotando una gran firmeza, que daba una apariencia de ser un hombre duro, pero detrás de esa coraza se escondió un ser vulnerable lleno de sentimientos, como muy pocos hombres se distinguió por ser justo y equitativo, fue transformándose hasta lograr que su semblante volviera a rescatar su gran personalidad, donde se destacaba su nariz aguileña y cabello plateado, llegando a recuperar su gran sentido del humor. Ese día víspera de navidad nos dio un gran ejemplo, al abrazar a cada uno de sus familiares con nobleza y dulzura dadas muy pocas veces en una figura de su talante.
Sin embargo, esto debe ser motivo para que se conozca lo que dijo José Asunción Silva del ABUELO y se me ocurre viene al caso.
Ser ABUELO es sentirse como un árbol marchito que vuelve a florecer, es sentir miradas de amor de un pequeño ser para otro ya viejo, que hace mucho tiempo abandono la pretensión de volver a ser amado. Es ver otra vez su propia vida reflejada en la sonrisa, las alegrías y los juegos de un niño, o de una niña, que el abuelo siente suyos que sus propios padres. Es descubrir inesperadamente que se puede ser todavía objeto de amor. Es renacer, reflorecer súbitamente sin haberlo siquiera soñado, sin haberlo esperado. Ser abuelo es sentir lo que nuca se sintió ni jamás se imaginó: Es reverdecer en el otoño. Es florecer en el invierno. Es volver cuando se ha preparado a morir. Es sentir otra vez en el ocaso de la vida amor, como en el principio cuando se era adolescente. Es sentir la maravilla de la ternura, el alborozo del abrazo, la emoción del beso cuando esto ya no lo esperaba. El mejor regalo que se puede conceder a un ser humano. "PREMIO QUE LA BIBLIA EXPRESA BELLAMENTE QUE VEA LOS HIJOS DE TUS HIJOS"
Cafe Arte y Letras
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BY: Jaime Hernando Niño Ramirez