07/12/2025
No tenía ganas de decir nada, pero en estos momentos siento la necesidad de comunicar algo. Tú sabes que soy más bien del tipo introvertido, del que no gusta que lo vean llegar, de diálogos breves y lacónicos. No exactamente como tú, papá.
Han pasado más de 24 horas de tu partida y aún me cuesta creerlo. Parece tan irreal. Me siento en un estado entre sueño y vigilia. Muchos podrán decir mil cosas pero, humildemente, creo que fui quien mejor te conoció. Nuestra manera de relacionarnos y nuestro lenguaje llegó a ser prácticamente implícito. Bastaban las miradas.
No sé si alguna vez te lo dije, pero aunque no hayamos tenido la clásica relación padre e hijo que son amigos, siempre te admiré. Más allá del ejemplo de lucha y superación que me comentan en la calle a cada rato, había una terquedad masculina que tenías y que yo también tengo, creo, para bien y para mal.
Para quienes no lo sepan, mi papá pasó su vida haciendo las cosas por sentido del deber hacia su familia y por lo que creía que un hombre debía hacer. Se esforzó al máximo para darnos lo mejor y casi nunca, o nunca, se quejó del desgaste real que eso le provocaba. Para él significaba levantarse de madrugada en reiteradas ocasiones, trabajar una cantidad de horas ridícula, muchas veces en cámaras de frío, nunca faltar al trabajo, descuidar su salud y también la vida familiar. Era famoso por recorrer todas las distribuidoras y supermercados con tal de conseguir hasta el último artículo de la lista para satisfacer a sus clientes. El concepto de sangre, sudor y lágrimas le calza perfecto a un tipo como él, literalmente. Alguna lección, supongo, saqué de ver todo eso.
En un momento me dijiste "te necesito acá en el restaurante todos los días" y ¿sabes algo? Aunque últimamente te vi triste por lo que crees que todo esto me generó, lo volvería a hacer todo igualmente de nuevo. Es un asunto de respeto. Volvería a perder la audición y enfrentar la soledad solo por ti. Es lo que hacemos hombres como nosotros, papá.
Imagino que con el tiempo tu partida seguirá hablándome de distintas maneras. Hoy lo que me ayuda a recordarte es intentar reconocer en qué me parezco, en qué no debería parecerme tanto y en qué sí. De eso se trata, de aceptar las debilidades, quedarse con lo bueno y seguir mejorando.
Gracias, papá. Por la terquedad y por todo lo demás.
Francisco.