07/01/2026
Tomasa cumple dos años.
Tomasa no nació de un plan perfecto.
Nació de una historia familiar, de mucho esfuerzo, de equivocarnos, de volver a empezar.
Nació de tirarse al agua sin saber bien la temperatura, pero con la certeza de que había algo que valía la pena sostener.
Tomasa es, antes que nada, un hogar.
Por eso acá no nos interesa correr detrás del delivery ni del apuro.
Nos interesa la pausa, ir lento, sentarse.
El servicio de casa.
La comida casera, pero cuidada, pensada, afinada. Casera, pero gourmet.
Como cuando alguien cocina para vos de verdad.
Tomasa es nuestra casa. Literalmente.
Vivimos acá.
Y eso vuelve el desafío doble: porque no se sale del trabajo, porque no se apaga nunca, porque todo importa un poco más.
En estos dos años crecimos mucho, aprendimos mucho, nos equivocamos bastante y, por suerte, mejoramos.
A fuerza de experiencia y de amor por lo que hacemos.
Detrás de Tomasa hay poca gente a la vista.
Paulo cocina.
Yasy gestiona.
Alina y Claudia reciben, sirven, acompañan.
Y detrás —y alrededor— están la familia y los amigos, sin los cuales nada de esto sería posible.
Todo en Tomasa es íntimo. A escala humana.
Hay manos visibles y manos invisibles en Tomasa.
Las que ves y las que no.
Las que cocinan, las que limpian, las que sostienen, las que están cuando hace falta.
Y hay un linaje.
Mi madre, Teresa, siempre cocinó en casa.
Los domingos eran sagrados: todos alrededor de la mesa, sin importar cómo hubiera sido la semana. Pesada o liviana. Buena o mala.
Esa pausa no fallaba nunca.
La comida como refugio, como ritual, como lugar común.
Tomasa es una réplica de eso.
De esa mesa.
De esa comida que abraza.
, amiga de la casa desde hace tiempo, hizo un cuadro para recordarnos esos orígenes.
Lo tenemos presente en cada plato.
Porque cocinar también es recordar.
Gracias por estar.
Gracias por sentarse.
Gracias por formar parte de esta casa.
Tomasa.
Dos años.
Y seguimos.