19/06/2026
CAPÍTULO 1�
LA NIÑA QUE APRENDIÓ ENTRE OLLAS Y MERCADOS
❤️ Antes de comenzar…
Esta historia ha sido reconstruida principalmente a partir de los recuerdos de Esther Oviedo, así como de conversaciones familiares y recuerdos compartidos por muchas personas de San Vicente.
Como ocurre con toda memoria que ha viajado a través de varias generaciones, algunos detalles pueden ser recordados de forma diferente por otras personas. Nuestro propósito no es escribir una versión oficial de los hechos, sino preservar y compartir una historia familiar que forma parte de la memoria de nuestra ciudad.
Si usted recuerda algún detalle, anécdota o acontecimiento relacionado con esta historia, será un honor leerlo y seguir construyendo juntos este legado.
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Antes de existir el Comedor Rivoly, antes del local que muchos vicentinos recuerdan con cariño, esta historia comenzó en los mercados de San Vicente.
En aquellos años, el mercado no estaba donde lo conocemos hoy. Primero funcionó en el Parque Cañas, luego en la Plazuela del Pilar y más tarde se trasladó al Mercado Municipal.
Entre el movimiento de comerciantes, compradores y aromas de comida recién preparada trabajaba cada día Doña Tomasa Oviedo, una mujer luchadora que buscaba sacar adelante a su familia.
Fue allí donde creció una de sus hijas: Esther Oviedo.
Esther nació el 30 de mayo de 1944 y desde muy pequeña acompañó a su madre en las largas jornadas de trabajo.
Mientras otros niños jugaban, ella observaba cómo se preparaban los alimentos, cómo se atendía a los clientes y cómo se construía una reputación basada en el esfuerzo, la honestidad y el trabajo diario.
Aunque estudió hasta tercer grado en la Escuela Doctor Victoriano Rodríguez, gran parte de su aprendizaje ocurrió junto a su madre, entre cacerolas, comales y el ir y venir de la gente en el mercado.
Allí aprendió algo que ningún libro podía enseñar: el valor del trabajo, la disciplina, el servicio a los demás y el respeto por cada persona que llegaba buscando un plato de comida.
De todos los hijos e hijas de Doña Tomasa, fue Esther quien permaneció más cerca de ella, aprendiendo las recetas, las costumbres y la forma de atender a quienes llegaban cada día.
Por aquellos años, tres nombres eran conocidos entre quienes buscaban dónde comer en San Vicente: Comedor Central, Comedor Santa Clara y Comedor Palermo.
Mientras tanto, Doña Tomasa continuaba trabajando dentro del mercado, ganándose poco a poco la confianza y el cariño de muchas personas.
Entre quienes observaban su esfuerzo estaba Don Luis Felipe Renderos, administrador del mercado en aquella época. Convencido de que aquel negocio tenía potencial para crecer, le sugirió dar un paso importante: establecerse en un local propio.
Aquella recomendación cambiaría para siempre el rumbo de esta historia.
Lo que comenzó como un puesto de comida en el mercado terminaría convirtiéndose en parte de la memoria de varias generaciones de vicentinos.
Con el paso de los años surgirían negocios que llevarían el nombre Rivoly y que llegarían a ser conocidos por muchos habitantes de San Vicente.
Pero en ese momento nadie podía imaginarlo.
Solo existían una madre trabajadora, una niña que aprendía observando y un sueño que estaba comenzando a tomar forma.
📖 Y esa historia continuará en nuestro próximo capítulo:
1956: El nacimiento del Comedor Rivoly.
❤️ Gracias por acompañarnos en este viaje por la memoria de San Vicente.
¿Recuerda usted a Doña Tomasa, a Doña Teicita o los antiguos mercados de San Vicente? Nos encantará leer sus recuerdos.
❤️📖🍲